La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el Plan para la Década del Envejecimiento Saludable 2020-2030.
El envejecimiento saludable es el proceso que permite fomentar y mantener la capacidad funcional que comporta el bienestar en edades avanzadas.
¿Y qué es la capacidad funcional? Es aquella que permite a todas las personas ser y hacer lo que es valioso e importante para ellas. Es una definición fascinante porque implica que la capacidad funcional no depende exclusivamente de la ausencia de enfermedad o dependencia. Cualquier persona puede aspirar a un envejecimiento saludable.
La capacidad funcional viene determinada por la capacidad intrínseca, el entorno en el que se vive y la interacción entre ambos.
La capacidad intrínseca es la combinación de todas las capacidades físicas y mentales de una persona. Esta dimensión se genera a lo largo de toda la vida: ejercicio físico, alimentación, cognición, relaciones. Esta capacidad intrínseca empieza a forjarse al nacer y la vamos construyendo con los años. Constituye nuestra “reserva”.
En nuestro medio, la esperanza de vida es muy elevada y, dependiendo de cómo varíe nuestra capacidad intrínseca, envejecemos de dos maneras distintas, lo que genera nuevos retos:
- Envejecimiento con buena salud, sin enfermedades y con alta reserva. Personas que han cuidado su salud. Vivirán muchos años, pero su reserva se irá agotando y hablamos de envejecimiento muy avanzado. Hablamos de fragilidad. Es el precio de vivir mucho.
- Envejecimiento con patologías crónicas, adquiridas en la vejez o antes. La medicina actual todavía no es capaz de curar estas enfermedades, pero las controla bastante bien. Disponemos de conocimientos y herramientas para hacerlo. La esperanza de vida en la cronicidad ha aumentado y estas personas envejecen. El reto será el abordaje de la dependencia y la complejidad que conlleva.
A medio y largo plazo habrá una tercera forma de envejecer, de éxito, donde tendrá cabida la ciencia del futuro con la cura de enfermedades crónicas. Un envejecimiento sin envejecimiento.
El entorno constituye el segundo elemento que debe garantizar la capacidad funcional. Puede actuar como facilitador o como obstáculo para aspirar al envejecimiento saludable. El entorno no debería funcionar como un proveedor de servicios y recursos en un contexto a menudo paternalista. Debe garantizar los canales para conocer los valores, las preferencias y las prioridades de las personas para tomar sus propias decisiones en relación con su salud. Muchas personas mayores están solas y quieren seguir viviendo solas. Muchas personas con diversidad funcional envejecen con dependencia y quieren permanecer en su hogar. Muchas personas en un contexto de diversidad cultural están envejeciendo con valores y prioridades diferentes.
El profesional, el gestor y el sistema, con la redistribución de los recursos, deben hacer un ejercicio de reflexión ante el nuevo paradigma del envejecimiento.
La interacción entre envejecer y el entorno. A nivel mundial, la OMS declara que una de cada dos personas tiene actitudes edadistas hacia las personas mayores. La mitad de la población. Se manifiesta en cómo pensamos (estereotipos), cómo sentimos (prejuicios) y cómo actuamos (discriminación). La estrategia más efectiva, más allá de la legislación y de fomentar las relaciones intergeneracionales, es probablemente la educación. Nuevamente, el envejecimiento saludable comienza en la infancia.
Envejezcamos como envejezcamos —con enfermedad o sin ella, con dependencia o sin ella, con fragilidad o sin ella—, las personas debemos poder interactuar con el entorno según nuestros valores y preferencias para construir nuestro bienestar y aspirar a disfrutar del envejecimiento saludable.


