Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todas las personas de todas las edades es uno de los encargos con los que Naciones Unidas nos interpela a todos y todas. De hecho, todo el mundo parece estar de acuerdo en que el bienestar es un valor importante que conseguir. Para convertirlo en una realidad debemos atender a dos aspectos clave: ayudar a la sociedad a entender qué es el verdadero bienestar e invertir tiempo y recursos en el desarrollo de las competencias socioemocionales que nos facilita.
El verdadero bienestar:
La sociedad del consumo trabaja para convertirnos en sujetos pasivos y consumidores de un supuesto bienestar que siempre se ubica fuera de nosotros y de lo que no somos responsables. Es así como nuestros adolescentes llegan a la conclusión de que el bienestar es Netflix mientras esperan un pedido de Glovo. Es así como niños y niñas, jóvenes y también personas adultas, creen que quienes deben suministrarles el bienestar son los demás, nunca ellos mismos.
Nada más lejos de la realidad, el verdadero bienestar es la consecuencia de la expresión de una serie de capacidades humanas que, desarrolladas de forma conjunta, nos proporcionan una vivencia de nuestra vida agradable, llena, con satisfacción y sentido. Sólo una postura activa y comprometida con nuestro desarrollo personal, en este caso emocional, nos permite experimentarlo.
El bienestar emocional no es un fin, es una consecuencia. La consecuencia de la expresión de una serie de competencias socioemocionales, que, si bien ya poseemos, es necesario desarrollarlas y desplegarlas en nuestro día a día. Una serie de competencias socioemocionales que son educables. Así, el bienestar, es educable.
Las competencias socioemocionales, el camino del bienestar:
Todos los elementos que conducen al bienestar están desarrollados por las competencias emocionales. El bienestar emocional es uno de los propósitos de la educación emocional y, por tanto, dedicar tiempo y recursos al desarrollo emocional de niños y niñas, adolescentes y personas adultas, es dedicarlos a su bienestar emocional y, por tanto, a su salud.
En primer lugar, necesitaremos conseguir un buen autogobierno emocional.. A través de la conciencia y regulación emocional podremos ser conscientes de nuestros procesos emocionales y regularlos adecuadamente.
En segundo lugar, necesitaremos aprender a crecer a través de las adversidades, reconocer nuestras fortalezas y expresarlas en nuestro día a día. Esto lo haremos a través de la autonomía emocional.
En tercer lugar, será necesario desarrollar aquellos recursos y estrategias que nos permitan establecer vínculos profundos y genuinos con los demás y participar de forma activa de nuestra red personal de apoyo. Esto lo haremos a través de la competencia social.
En cuarto lugar, habrá que construir una vida significativa guiada por objetivos y propósitos que orienten nuestros pasos y doten de sentido nuestra existencia y que nos permita contribuir de forma luminosa allá donde estemos. Esto lo haremos a través de las competencias para la vida y el bienestar.
Así pues, la promoción del bienestar es más que plausible pero no es suficiente con combatir la desinformación y dedicar tiempo y recursos al desarrollo emocional de la sociedad entera. Es necesario que esta idea sea un propósito no sólo de la comunidad educativa, sino del resto de actores sociales y políticos responsables.


